Sinopsis

Puedes creer que lo tienes todo, sentir satisfacción por cómo has conducido tu vida, que tienes el poder de decidir en cada momento el camino correcto... pero no te engañes, hay cosas que se escapan de tu entendimiento... y cuando te des cuenta de ello será demasiado tarde...

domingo, 20 de octubre de 2013

Destino Extraterrestre :: Capítulo 1




Los estudiantes de la Universidad de la capital celebraban un día grande. Las clases acababan de terminar y tenían por delante un par de semanas hasta que llegaran los temidos exámenes finales. Exactamente el momento perfecto para celebrar la fiesta que estaba teniendo lugar a las afueras de la ciudad. 

Grupos de música independiente interpretaban sus temas sobre un escenario poco cuidado. El sonido estridente que brotaba de los cascados amplificadores a penas dejaba entender el escaso contenido de las letras de las canciones, eso cuando no eran bramidos lo que emitían los voluntariosos vocalistas. 

El alcohol comenzaba a hacer mella en los animados asistentes. Aisladas peleas surgían entre la multitud, algunas botellas de ron y whisky volaban sobre sus cabezas sin objetivo fijado, y comenzaban a aparecer extrañas parejas sexuales, parejas que en condiciones normales, una atmósfera, veinticinco grados centígrados y cero por ciento de alcohol en sangre, no se mirarían ni a la cara. Un pequeño grupo discutía sobre abandonar la fiesta antes de que las cosas empeoraran. Una de las chicas le hablaba a su pareja. 

- Venga, vayámonos a casa – dijo la chica – 

El chico, visiblemente afectado por el alcohol, la miró extrañado. 

- De acuerdo, pero tendrás que compensarme luego… tres… o cuatro veces – balbuceó casi ininteligiblemente – 

Los amigos rieron. Otro chico se abalanzó sobre él y le propinó un pequeño y suave gancho a la altura de los riñones, lo que le hizo encogerse de la impresión. 

- ¡Venga fantasmón! – bromeó mientras su amigo le miraba con mala cara – vamos a casa ya, esto se está poniendo feo. 

El grupo de amigos emprendió el camino hacia la zona de aparcamiento. Recorrer la travesía les costó más de lo normal, ya que la cantidad de alcohol que habían ingerido les había limitado la capacidad de caminar en línea recta. 

- ¡Eh! ¡Mirad! ¿No es esa la representante de los estudiantes? – preguntó entusiasmado uno de los chicos – ¡qué buena está! 

La representante de los estudiantes se estaba tomando un descanso laboral cabalgando sobre el encargado de mantenimiento de la Universidad tras unos arbustos, que para desconsuelo de ambos estaban demasiado pelados de hojas. 

- Trae la cámara – dijo uno de los chicos mientras le arrebataba la cámara a su pareja – ¡Eh! ¡Sonreíd!! 

Hizo una foto a los improvisados amantes justo antes de tropezarse con un agujero fantasma y darse de bruces contra el suelo, lo que llamó la atención de éstos. El encargado de mantenimiento se irguió y con el brazo amenazante invitó al grupo a irse de allí usando palabras poco amistosas. 

- ¡Devuélveme la cámara! – exigió la chica – Estupendo, ya solo queda una foto en el carrete – protestó tras inspeccionarla. 

Entre risas, el grupo llegó al coche. Una de las chicas haciendo un ejercicio de reflexión intentó disuadir al grupo de coger el coche en el estado de embriaguez que se encontraban. 

- No podemos coger el coche en nuestro estado… me da un poco de miedo… 

- Además siempre hay controles en la salida a la autovía, nos pillan seguro – añadió otra de las chicas – 

- Dejaos de tonterías, yo conduzco mejor borracho – dijo pavoneándose el primer chico – quien no quiera que no se monte en el coche, pero yo me largo de aquí. 

Todos subieron al coche menos la chica reflexiva, sin saber que acababa de tomar la mejor decisión de su vida. 

- No os preocupéis por los controles, conozco un atajo por el que no los encontraremos – dijo el conductor mientras salía del aparcamiento chirriando las ruedas. 

Se adentraron en un camino de albero de menos de un kilómetro de largo y seguidamente dieron a parar a una estrecha carretera que les conduciría hasta la ciudad.  

El conductor mostraba una gran habilidad en la conducción, tomando las curvas con gran precisión y con ese punto de arrogancia que te da el no ser realmente consciente del peligro. 

Su pareja, sentada en la parte trasera, llevaba puesto el cinturón de seguridad y tenía un enorme deseo de llegar a casa sana y salva, conocedora de que en la situación en la que se encontraban eso precisamente sería lo extraño. Sujetaba su pequeña cámara de un solo uso con las manos sudorosas del miedo y aunque intentaba disimularlo bromeando de vez en cuando con su amiga, sus ojos desencajados la 
delataban. 

Era una noche cerrada, solo la luz de los faros del coche permitía vislumbrar el paisaje de aquella zona adehesada. Comenzaba a llover ligeramente, cuando de repente una brillante y blanquecina luz surgió ante ellos. La luz cegó al conductor, cuyo instinto le hizo dar un volantazo hacia la izquierda, llevándolos directamente a chocar contra un muro de piedras que separaba la dehesa de la carretera. El coche salió disparado dando un par de vueltas de campana hasta que cayó sobre las cuatro ruedas, inerte. El silencio se apoderó del interior del vehículo. 

La mano de la chica que sostenía la cámara comenzó a moverse lentamente. Seguidamente abrió los ojos, contemplando con horror el dantesco paisaje tenía ante ella. El resto de sus amigos estaban muertos, con graves y desagradables heridas. La sangre cubría parte de su cuerpo y el cinturón la tenía aprisionada, casi cortándole la respiración, pero algo del exterior captó más fuertemente su atención. Era una sensación extraña, su espacio vital estaba siendo invadido por una energía que nunca antes había sentido, y se acercaba al coche. La chica tuvo que hacer un extraño escorzo para zafarse de la presión del cinturón y mirar a través de la ventana del coche, cuyo cristal se había hecho añicos del golpe. 

Cuando por fin consiguió girar el cuerpo y mirar hacia donde provenía esa sensación deseó no haber sobrevivido al accidente. 

Sintió que la sangre se le agolpaba en el corazón, la potencia de sus latidos presionaba las paredes de las arterias de su cabeza, y se rindió, sin antes dejar de usar la última foto de su cámara para inmortalizar lo que creía ver, ante una extraña y repentina somnolencia que le causaba una voz que susurraba en su mente “No te preocupes, todo va a ir bien”. 

Fran Ciaro

Bienvenidos

Quería aprovechar la primera entrada del Blog para agradeceros a todos los que entréis que dediquéis un ratito de vuestras vidas a bucear por mi primera novela "Destino Extraterrestre". Escribirla ha sido un reto muy emocionante y complejo, y una enorme satisfacción. 

Me gustaría que este Blog fuera un primer acercamiento, que leáis un poco y podáis decidir si es lo que buscáis para entreteneros y olvidaros de lo cotidiano por unos instantes. 

Espero que os guste y que a partir de este momento compartamos muchas historias juntos. Y, por favor, permitirme la osadía de "abduciros" por unos instantes...

¡Gracias!

Fran Ciaro